Introducción

BUENO es alentarse con las palabras de los santos y de los maestros espirituales; más, sobre todo, es importante saber de corazón y puntualmente las palabras del Maestro único, que vino a la tierra -para dar testimonio de la Verdad»: «Mi palabra es la verdad», -Yo soy el camino, la verdad y la vida»,-Si me oyereis tendréis vida en vosotros».

A menudo personas espirituales han edificado su espiritualidad sobre palabras buenas de hombres buenos. Pero es un grave fallo que la base principal no fuesen las palabras de Jesús. Él es insustituible. Y muchos no han llegado a la santidad porque se orientaron malamente; y si por fin llegaron, ni llegaron a tanta santidad ni con la facilidad que da Cristo.

Cierto que en todas partes Dios se hace encontrar por los de buena voluntad, pero en ninguna parte con la facilidad, autenticidad y altura que en el Evangelio. Las cartas de los Apóstoles son su prolongación.

Una selección de las palabras más claras es este libro. Para que sirva también y principalmente a las almas sencillas, a quienes Dios especialmente se revela.

Resultará así un libro amigo, que en cualquier momento que te pares a leerlo te ponga en conversación con Él. Sus mismas palabras lees, sus mismas palabras oyes. Y el Espíritu que estaba sobre Él («El Espíritu de Dios sobre Mí, por eso me ha ungido»), Espíritu que inspiró la escritura de los Apóstoles, estará en tu interior para aclararte más y más, de claridad en claridad: «El Espíritu os declarará mis palabras».

Siempre se cumplirá lo que dijo Jesús: «El que no edifica sobre mis palabras, edifica sobre arena; mas el que las oye y las hace, edifica sobre roca».

«Una voz sonó del cielo, que dijo: Este es mi Hijo el predilecto, escuchadle.»