PROLOGO

La naturaleza entera, con todas sus maravillas, es el libro abierto que nos habla de Dios, de su presencia entre nosotros. Pero ésta nos es aún más patente en las relaciones humanas, porque todo ser racional que encontramos en el camino de la vida, sea cual fuere su condición, es un llamamiento de Dios, es una manifestación de esta llamada.

Todos podemos hacer posible, mutuamente, que el testimonio de Dios y su mensaje llegue a nuestra vida.

Las obras de los santos constituyen la acción destacable de esta realidad. Cada instituto religioso es una proclamación de esta maravilla en la Historia de la Iglesia.

Las páginas de este libro, amigo lector, le quieren descubrir algo de este misterio en San Juan de Dios, fundador de la Orden Hospitalaria. El hombre célebre del siglo XVI. Lo fue en lo humano, en lo social y en lo espiritual. Su tarea diaria fue un aproximarse, un entrar, un vivir con el pobre, con el enfermo, sin distinción; un persistente acercarse al rico, al poderoso en bienes materiales. Su meta definitiva, llevarles a Dios. Con su vida, a todos les da a conocer y les invita a vivir la doctrina salvadora. «Quien da al pobre presta a Dios y le pagará su buena acción. El alma generosa será saciada» (Flp 4, 17). «Proteged al desvalido y al huérfano, haced justicia al humilde y al necesitado, defended al pobre y al indigente... » (Sal 18, 2). «En verdad os digo que todo cuanto hicisteis a uno de estos pequeñuelos conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40).

San Juan de Dios, es el enviado del Señor a los ricos, pero con la presencia de los pobres, de los enfermos, de los abandonados. Sale al encuentro de unos para remediar las necesidades de los otros. Sobre su conciencia pesaban las almas de los pobres con la misma gravedad que las de los ricos, porque todos, ayer, hoy y mañana, estamos necesitados de Dios. A unos y a otros les lleva el mensaje con el mismo celo: Cristo, su Salvador. Su vida fue el testimonio de la Iglesia ante la Humanidad. Su hospital fue como la Iglesia: «La Iglesia de todos y, particularmente, la Iglesia de los pobres». La acción caritativa de San Juan de Dios penetraba así hasta el fondo de las almas de todos, y era entonces cuando el chispazo del encuentro con Dios brotaba de sus corazones, aún en los más fríos a todo contacto espiritual.

Con este quehacer insistentemente evangélico, y así vivido, les hacía escuchar con mayor viveza la voz de Dios, hasta alcanzar en ellos la conversión o su mayor unión con Él, y hasta no faltaron quienes «dejándolo todo», le imitaron en este ideal de vida.

Los medios fueron tan sencillos como sublimes: oración, conocimiento de Cristo y amor al prójimo expresado en los trabajos que de éste le exigiera. Su apoyo, la doctrina divina. Nada puede extrañar que la vida de San Juan de Dios y su obra sean tan altamente humanas que rayaban en lo divino, y tan eminentemente sociales que con dificultad podrán ser superadas por las más ambiciosas aspiraciones redentivas de hoy

Con las reflexiones-meditaciones de los escritos de San Juan de Dios, que el dinámico Padre Ayúcar, S. J. nos ofrece, se inicia un conocimiento profundo de los valores íntimos del Santo a la luz de las exigencias de la palabra divina en su alma. Este conocimiento sin duda ha de hacer mucho bien a las almas. Conociendo a Dios se ama al prójimo. El amor al prójimo lleva al conocimiento y al amor de Dios. La vida de San Juan de Dios sigue iluminando este camino.

La Iglesia por la voz solemne del Concilio Vaticano II, quiere que todos los Institutos religiosos, vuelvan al espíritu de sus Fundadores si de verdad quieren adaptarse y renovarse. Esta obra del Padre Ayúcar aporta una ayuda más, importantísima, para la Orden Hospitalaria; no menos también para todos aquellos fieles que de verdad quieran renovarse en vivir plenamente el amor de Dios y el amor del prójimo, y preferentemente en el más necesitado. Es donde está el testimonio más auténtico de la vida cristiana del estado religioso y del seglar. Y sin esta meta ¿para qué nos sirven las demás en lo temporal y en lo eterno?

Fr. Fernando LORENTE, O. H. (Provincial)

Ciempozuelos (Madrid) Abril 1968