EPÍSTOLA DE S. PABLO A LOS COLOSENSES

Selección y Traducción

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los cristianos de Colosas, nuestros hermanos en Cristo, os escribo esta instrucción de parte de Dios nuestro Padre.

Doy gracias sin cesar a Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, al enterarme de vuestra fe en Cristo y de vuestra caridad con todos, también santos que os rodean, y que como vosotros viven la esperanza que os está reservada en los cielos.

De esta esperanza habéis sabido por la palabra de la VERDAD, que es el EVANGELIO, que ha llegado a vosotros y está destinada para el mundo entero. Ya veis cómo se difunde y crece en los otros como en vosotros cuando oísteis y recibisteis por medio de Epafras mi compañero, la gracia de Dios en la Verdad (= el Evangelio). Dad gracias al Padre que nos arrancó del poder de las tinieblas y nos ha hecho compartir la herencia de los santos en la Luz (= el Evangelio, la Verdad). Así os encontráis trasladados al Reino del Hijo de SU AMOR.

Este Hijo Jesucristo es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura; pues en Él fueron creadas todas las cosas:

las del cielo

y las de la tierra,

las visibles

y las invisibles,

tronos y dominaciones,

principados y potestades.

Todo ha sido creado por Él y para Él;

El existe antes que todas las cosas

y todas subsisten en Él.

Él es la Cabeza de Su Cuerpo, que sois todos los santos;

el Padre quiso que en Él habitase la Plenitud

y por medio de Él reconciliar todas las cosas

tanto las del cielo como las de la tierra;

a vosotros mismos os ha reconciliado

para presentaros santos y sin mancha ni reproche.

Si es que permanecéis en el EVANGELIO que habéis recibido.

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Permaneced unidos fuertemente en la caridad, para llegar a conseguir un pleno conocimiento del misterio de Dios, que es Cristo. Cristo en quien se encierran todos los misterios de la sabiduría y de la ciencia.

Os digo esto, para que nadie os engañe con razonamientos sutiles. A vuestro lado estoy alegrándome del orden que reina en vosotros y de la firmeza de vuestra fe en Cristo

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Así pues, conducíos según Cristo, cimentaos sobre El y edificados sobre El, fuertes en la fe y agradecidos a Dios.

Estad alerta: que nadie os seduzca con filosofía de hombres, filosofía engañosa y vana, fundada en garabatos de la mente humana y mundana, y nada fundada en Cristo. Porque en El habita la plenitud de la divinidad. Dios os ha dado la vida con El, reduciendo a nada todo lo mundano. Que nadie os prive de este Regalo Divino.

Habrá quien os diga que ha visto cosas espirituales, vanamente hinchado con pensamientos que no son de Cristo; esos son intentos inferiores que no están unidos a la Cabeza que es Cristo ni dimanan de El, ni reciben Su Vida; porque solamente unidos a la Cabeza es cuando los miembros son crecimiento de Dios. Hay espiritualidades vistosas pero falsas, de mera apariencia con sus reverencias, mortificación corporal y piedad afectada; pero no valen para Dios.

Como Cristo resucitó, vosotros habéis salido hechos un hombre nuevo que se renueva más y más cada día hacia un Conocimiento perfecto de Dios. Al llegar ahí ya no hay diferencia de razas ni calidades sociales, etc. etc., sino Cristo que es todo en todos.

3, 12-17

Por tanto como elegidos de Dios, santos y amados Suyos, en vosotros resplandezcan los sentimientos de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; que las palabras de Cristo vivan en vuestro corazón y en vuestra boca, animando, enseñando y exhortándoos con ellas mutuamente.  Todo lo que hagáis, hacedlo en el nombre de Jesús y dando gracias a Dios.

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