PRÓLOGO

 

 

El texto evangélico que he escogido para comentar es la traducción del griego del P. Juan Leal, S. J. porque en general es muy exacta; sólo he introducido leves modificaciones que considero oportunas.

 

En el convencimiento de que el lector debe beber directamente de Cristo, quise limitarme a iniciarle, nada más que a iniciarle, en la intelección de los pasajes. Cada uno ha de penetrar y gustar según Dios le da.

 

Así fui más breve en el 1° y 2° año de la Vida Pública. Pero hallé, a pesar mío, que los lectores preferían una mayor explanación y así lo hice en el 3er año. Y les gustó más.

 

Sin embargo, persisto en juzgar que la formación de los cristianos debe llegar a ser de modo que se capaciten y se complazcan en gustar más directamente a Cristo. Los hombres debemos intervenir el mínimo necesario para que contacten con Él.

 

Prescindí de ostentar y referir las erudiciones y cientifismos pertinentes, porque mi objeto es penetrar, apren­der, gustar e incorporar el espíritu de Cristo; leer con el alma el Mensaje de Dios a los hombres. Yo sí he empleado tiempo en aquilatar traducciones y expresiones; para ello hay cantidad de revistas, artículos y libros innumerables, que no cesarán de acrecentarse con los años.

 

A mis lectores, a los cristianos y hombres de buena voluntad que busco con esta obra, les ahorro esa fatiga que muchas veces roba inútilmente cantidad de horas y de días y de años, llenos de hojarasca erudita y vacíos de espíritu.

 

Al emprender esta Explicación-Espíritu del Evangelio, me movió el deseo de que cayesen los lectores en la cuenta de que el Evangelio es un mensaje muy sencillo, aunque infinito.

 

Infinita en posibilidades, en profundidad y extensión, que abarca todas las situaciones de la vida y resuelve todos los momentos. Infinito en acercarnos al Padre y hacernos divinos.

 

Pero es sencillísimo de entender y de practicar. ¿Cómo no, si principalmente pertenece a los pobres, a los sencillos, a los ignorantes, a los niños...?

 

Tres ideas recurren constantemente, y a esas tres se reduce todo el Evangelio. Tres, que son una:

 

1ª La caridad con el prójimo, el amor a todos, somos hermanos.

 

2ª Dios es Padre. Nuestra actitud filial con Él, nuestra fe y esperanza de hijos. El Padre de Jesús es nuestro Padre.

 

3ª Esta (primera y segunda) es la Verdad. Unos la reciben, otros la rechazan, unos pertenecen a la luz y los otros a las tinieblas.

 

Con poco que observe el lector del Evangelio, hallará que cada pasaje se reduce fundamentalmente a una o a dos de estas tres afirmaciones. Es una pena que se hagan los comentarios al Evangelio de manera que éste parece una multiplicidad de ideas. Y no una con multitud de matices; como un brillante de numerosas facetas que con moverlo a la luz brilla diversísimamente. Así es el Evangelio (Dios Padre - los hombres hermanos – fe filial y amor) de simple, claro y divino.

 

La vida pues que nos anuncia Jesucristo de parte de Dios, es sencilla de entender y retener. Y con su sencillez es toda la vida y abarca a todo el mundo. Tal mérito únicamente pertenece a lo que es Infinito: con simplicidad serlo todo y abarcarlo todo.