DIOS

 

 

 

(DIOS) QUÉ ES

 

 

Q U É   E S

 

Entramos en el tema por excelencia, imposible. Es el gran Misterio, más aún, el único Misterio, origen de los misterios; por consiguiente, el Misterio de los misterios. Con cuánta frecuencia en todo tiempo y cualquier hombre habla de Dios, menciona a Dios, se refiere a Dios; pero ése ¿qué sabe de Dios? qué idea tiene de Dios? tan imperfecta y a menudo tan desatinada que de ahí le brotan un sinfín de dificultades en realidad ridículas, aunque no las sentencien por tales los demás ridículos como él. Porque tal es Dios que no le queda al hombre más que la adoración y la fe; pues fe y nada más que fe es lo que saber podemos de Dios; ya que la iluminación más alta es una especie de fe.

 

Ver a Dios, no llega la vista; saber a Dios, no. lo alcanza la sabiduría; discurrir sobre Él, no pertenece a la razón; entenderLo, rebasa al entendimiento. Lo que se sabe de El, lo único verdadero, es lo que El nos revela; ni el hombre puede saber más algo de El. Por eso consigna el Evangelio: «a Dios nadie lo ha visto jamás, lo que sabemos nos lo ha revelado Su Palabra, que bajó a nosotros desde Su coraz6n» (Jn. 1).

 

Que a Dios no llegan nuestros razonamientos es creencia común del Islam; así empieza su gran poeta Firdawsi el famoso poema de los reyes: «en el nombre de Allah, punto supremo de donde no pasa el pensar... — con los ojos con que ves, jamás tú verás al Creador — no fatigues tu vista, ni hay en la mente vía de paso hasta El — más alto es que toda definición — encuentran cerrado el camino hasta El, la vida y la razón». Exclama Isaías: «verdaderamente que Tú eres un Dios oculto, oh Dios de Israel, Salvador!» (45).

 

Entre los sufíes están los que más hondo calaron en el Espíritu; y aseguraban: «ninguna mente puede alcanzar una idea de la forma del Ser que se nombra Dios» (Sanai, Hadiqat). Allá en Grecia en el siglo IV (a.C.) formulaba Platón: «en lo que al Inmortal respecta, imposible definirlo con definición de razón; dada la imposibilidad de conocerLo adecuadamente, nos Lo imaginamos más o menos como si fuese un ser mortal». Y no hallando salida al discurso de su mente en torno a El, concluía: «pero sea de esto lo que a Dios plazca y sea tal cual El diga» (Faidrós).

 

Aquella otra cima del hinduismo, que fue Sankara, enseñaba: «nosotros no captamos la Esencia, el Ser desnudo, el Ser puro tal cual es; y así resulta que el Ser está por encima del conocimiento y de la vida». Igual los Taoístas; entre ellos para descubrir al Tao, de nada valen ni libros ni alambiques, ni el estudio o la razón, ni algún poder exterior.

 

Ante Su silencio, que es insospechable grandeza, trascendencia absoluta, quédase recogida el alma, devota, entregada; tanto no viendo que ve tanto; y así suspira con resignación anhelante, como Attar: «Te has reservado el secreto de Tu Existencia; por mucha cantidad de ojos que tenga abiertos el universo, no ha podido percibir ni una mota de polvo del sendero por do vas!» (Leng. Pájaros). Volviéndose a quien quiera más saber de Dios, le reprende dulcemente Attar: «eres un insensato ¿cómo quieres que se te pueda instruir? si todos los que han entrado por esta senda se han perdido siempre ¿cómo van a poderte dar noticias sobre ella?».

 

No tiene Dios ojos de carne, no de entendimiento de criatura, no constitutivos de hombre; ni nosotros vemos como El, ni El como nosotros, ni vemos lo que El. Disuade la Biblia interrogando: «¿tienes acaso Tú ojos de carne? ¿como ve un hombre, acaso así ves Tú? ¿son Tus facultades, facultades de un mortal?» (Job. 10). ¿Son acaso nuestras facultades las potencialidades de Dios?

 

Forcejean y buscan, unos con el mejor deseo y otros con presunción ridícula, a Ti oh Dios de imposible alcance! a Quien invoca el egipcio: «Oh Dios de la secreta esencia y forma luminosa!» (Himno Amón). Y el Bhag. Gita comenta: «buscando están al No — Manifestado, al Indefinido..., al Superior a toda mente» (12). Sabiamente Confucio prefirió no disertar sobre Chan — Ti (Dios), porque Lo sabía inaccesible, incomprensible, imposible; y discurrir sobre El sería inutilidad, o deslizadero para desviaciones lamentables. Optó por atenerse a Su adoración, culto y buenas costumbres.

 

En el siglo II, sin embargo, allá por los linderos de Grecia y Siria, emparentada con el Cristianismo surgió una sabiduría (gnosis) con aciertos indudables al respecto: «existe en las alturas invisibles, sin nombre, un Ser perfecto, Proprincipio, Pro — padre, Abismo, que es invisible, incomprensible, sempiterno, ingénito; no requiere vida, porque es eterno; no necesita nada, porque es incapaz de complemento, puesto que es en todo tiempo absoluta consumación; pero no es consumación, sino más allá, ni infinito sino más, ni siquiera divinidad». Puesto que ultrapasa todo concepto, y no es suficiente lo que se puede nombrar; es, como se dijo líneas arriba, «Abismo», Silencio, Ceguedad de toda mente, la Gran Tiniebla.

 

Como diría Plotino, «el Uno está más allá de la sustancia y más allá del intelecto»; o antes Pablo: «Dios inmortal, invisible y único». En siglos precedentes Laotse y Chuangtse informaron que Le llamaban «Tao», porque hacía falta nombrarLe de algún modo; pero que el Absoluto es sin nombre, inaccesible; de ahí que Chuangtse rehusase discutir sobre Su esencia, Sus atributos, o Su operar. Según previene Pablo: «En Dios, la Profundidad solamente la conoce el Espíritu de Dios; lo íntimo Suyo nadie más lo conoce» (1 Cor. 2). De Ello dice así Laotse: «Este Misterio se llama Infinita Profundidad — Profundidad nunca desvelada por el hombre» (2).

 

En época antiquísima el libro Egipcio (Muertos): «Yo soy el que marcha hacia adelante y cuyo nombre es Misterio» (42). Poéticamente el Veda: «en un vaso de oro oculta está la faz de la Verdad ¡descúbrela oh Pusán (sol)». ¡Cómo resplandece el vaso que La oculta! ¡cuántos seres son bellos y cuánto, con sólo el resplandor que se les filtra del Misterio asombroso que en su interior oculto está!: «descúbreLe oh Pusán!»; mientras El no se descubra, «los hombres en tinieblas negrísimas están» (Vaj. Samh 40-Isavasya). «Aquel Ser, dice en el Veda Yajnavalkya, fin supremo de todo lo que alienta (Atman), cuya morada es la oscuridad, Ser hecho de sombra». Lo mismo el místico Al-Jili: «la Oscuridad divina es el lugar primordial en que los soles de la belleza se ponen».

 

Si no tiene cualidades, colores, facultades, atributos, ¿cómo nombrarLo? si no entra en las ideas ¿cómo pensarLo? Un himno a Marduck (Dios) del imperio babilónico, implora: «pueda la cólera del Señor apaciguarse! que el Dios que yo ignoro quede apaciguado!». Exclama Kabir: «invoco a Ram (Dios), el No — Cualificado! — oh hermano, la Naturaleza del Inefable permanece impenetrable! — ni los cuatro Vedas ni la Sruti (revelación) ni los Purana (tradición) La han comprendido, — ni tratado alguno ha penetrado Su Misterio — ni siquiera el inmenso Cesanaga (personaje sobrehumano) capaz de absorber a Garuda — ni Laksmi (la más excelsa entre las llamadas diosas) la de los pies de loto — ¿cómo multiplicar ideas en Quien no cabe distinción?» (Cabaret).

 

Cuenta Plutarco que en un templo de Saïs leyó: «Soy el que ha sido, el que es y el que será, ningún mortal ha podido levantar aún el velo que me cubre». Multitud de imágenes míseras de Dios se inventaron de antiguo los pueblos, tan rastreras que llegaron a ser una vergüenza; aunque en almas escogidas anónimas permaneció un sentido apreciable de la excelsa Realidad; y así entre las mil patrañas griegas se encontró también Pablo en Atenas con una lápida consagrada «al Dios Desconocido». De ella tomó ocasión para iniciarles en una idea más alta que significaba el Cristianismo.

 

Siglos antes en la Biblia preguntaba el libro de Job: «si El reposa ¿quién Le inquietará?; si vela Su rostro ¿quién lo percibirá?» (34). Cuando dos mil años antes confortó Dios a Agar, la esclava de Abraham, que sería madre de los Ismaelitas, estremecida ante Su Palabra susurró: «he visto la espalda de Dios!» (Génesis 16,13). Es a lo más que llega una criatura, a ver un algo de Dios; un algo que la Biblia nombra «la espalda». La misma expresión varios siglos después en la vida de Moisés, el conductor de Israel: «Dijo Moisés: por favor, muéstrame Tu gloria. Respondió Yahvé: Yo haré pasar delante de ti mi bondad; pero no podrás ver Mi faz, porque hombre viviente no Me puede ver; verás Mi espalda» (Ex. 33).

 

¡Cuántos buenísimos místicos, con la mejor intención han tratado de ver!; a mucho llegaron; y cuanto más llegaban, más se les encendía la oración. Aunque les era utilísimo lo que alcanzaban, se quedaban más lejos que una infinitud; sin embargo el punto de Vaho que percibían, los embriagaba, y la pizca de Luz los cegaba y aturdía y abrasaba; pero llegar, nadie llegó. Resume Farid Attar: «los que han entrado antes que nosotros en el camino espiritual, estudiaron a tiempo y a destiempo este Misterio; se han atormentado mucho, y al final únicamente han hallado debilidad y pasmo».

 

Desde China el Taoteking lo había advertido; si un cilindro hueco, sin tapa por arriba ni abajo, vertical flota en el mar asomando apenas la boca, cuanto más agua le saques, más seguirá teniendo, ni lo puedes agotar: «El Tao es como un recipiente hueco; cuanto más da, más difícil de agotar — parece ser el manantial de donde brotan todas las cosas y sin embargo permanece en Su Profundidad eternamente — suavizando Sus asperezas, ordenando Sus enredos (lo aparentemente contradictorio, inadmisible o paradójico) — moderando Su resplandor, sumergiendo Su propio atuendo — persiste oscuro como las aguas profundas No sé de dónde viene» (4).

 

Recomendará Kabir: «no intentes describir este Ser misterioso, sino esconde Su misterio; El es inaccesible al Veda y al Corán» (Granthav.). Continúa Al-Jili: «Su Esencia es la consternación de las inteligencias; inaccesible en Sí Misma, sustraída a toda visión, se La llama Oscuridad Divina».